La conmemoración del Éxodo de la Emigración Rusa Blanca desde Crimea

El 22 de noviembre de 1920 marcó el gran éxodo de Oficiales Rusos Blancos, pertenecientes al Ejército del Sur, al mando del General Vrangel, quienes, al sentirse derrotados por el Ejército Bolchevique, decidieron evacuar la Península de Crimea por el Puerto de Sebastopol. Les acompañaban los miembros de sus familias y parte de la población que no estaba conforme con el nuevo régimen. Lo hicieron en todas las embarcaciones disponibles en el Puerto, desde los grandes barcos hasta las lanchas más pequeñas. Cruzaron el Mar Negro llegando a Turquía por el Bósforo; y navegando por el Mar de Mármara llegaron a la Península de Gallipoli, donde desembarcaron, iniciando el largo y duro camino del exilio. Publicamos de nuevo el artículo de nuestro historiador Igor Andrushkevich (+2021)sobre esta gran tragedia rusa. Aquí se puede leer sus ACLARACIONES PREVIAS de la terminología.

EL GRAN ÉXODO

        Luego del golpe de estado, efectuado en 1917 por Lenin y sus secuaces, llegados desde Suiza, vía la Alemania del Kaiser (que estaba en guerra con Rusia, y con cuyas autoridades entraron en tratos, siendo financiados por ellas con dinero en oro), en Rusia estalló la guerra civil, que duro cinco años.

Como resultado de la misma y del desmembramiento resultante del Imperio Ruso, surgió «la emigración blanca rusa», también llamada a veces simplemente «la emigración rusa». Este enorme contingente humano tenía principalmente dos orígenes:
       1. Los evacuados, junto con los ejércitos blancos, desde los puertos del sur de Rusia (1920) y desde Vladivostok, Siberia Oriental (1922).
       2. Varios millones de ciudadanos rusos, que quedaron fuera de las fronteras del nuevo estado comunista soviético, proclamado «de facto» por Lenin, residentes principalmente en los territorios fronterizos seccionados, que habían sido integrados en los nuevos estados independientes (Finlandia, Polonia y los países bálticos). Y además, varios centenares de miles de personas residentes en los territorios de la concesión de la compañía rusa «Ferrovías de China Oriental», con capital en Jarbin, en Manchuria, China.
       

Evacuación desde Crimea

El núcleo central del primer contingente estaba formado por miembros de los Ejércitos Blancos, agrupados en el Ejército Ruso en la última parte de la Guerra Civil en el sur de Rusia, bajo el mando del teniente general Pedro Wranguel. Este Ejército fue evacuado en noviembre de 1920 desde Crimea. En total, en 130 barcos más de 150.000 personas, militares y civiles, fueron transportadas principalmente a Gallipoli, al sur de Constantinopla, y a la isla griega Lemnos.
        Del Ejército Ruso, del cual formaban parte dos colegios y varios liceos  militares, fueron requisados por las autoridades militares francesas, que ocupaban Constantinopla, 45.000 fusiles, 350 ametralladoras, 12 millones de balas, 58.000 pares de botas, etc. La flota de guerra rusa se dirigió a la base naval francesa en Bizerta,
África, bajo la bandera de guerra rusa de San Andrés, ilegalmente suprimida en Rusia por los golpistas comunistas en enero de 1918, reemplazándola por la bandera roja internacional de su partido. La bandera de San Andrés de la flota rusa fue «temporalmente arriada» en Bizerta el 16 de octubre de 1924, al ser desmovilizada la flota, y fue nuevamente enarbolada en los barcos de guerra de Rusia luego de la caída del comunismo.
       

Junto con las tropas, se retiraron muchos civiles, en gran parte intelectuales, profesionales y técnicos, incluyendo académicos, profesores, más de treinta arzobispos y obispos y miles de sacerdotes.
Toda esta enorme masa de personas, de ambos sexos, con ancianos, jóvenes y niños, fue, además, despojada ilegalmente de su ciudadanía, sin juicio alguno, por un decreto general de la tiranía comunista, del 15 de diciembre de 1921.

El gran cantante ruso Fiodor Shaliapin, también exiliado político, dijo entonces al respecto: ««A mí, ciudadano ruso, me han despojado de mi ciudadanía, pero yo me convertí en un ciudadano del mundo»

Dimitry Beliukin «Blanca Rusia. Exodo»

En el año 1922 se sumaron a ellos cerca de 150 hombres de la alta cultura de Rusia (filósofos, científicos, pensadores, escritores y poetas), expulsados de su patria y deportados a Europa Occidental, sin juicio ni sentencia legal alguna, por orden personal de Lenin, quien afirmaba que un estado comunista «no necesitaba de filósofos ni de matemáticos», ya que podía ser gobernado por «cualquier cocinera».

De tal manera, en el mundo surgió un grupo de cerca de tres millones de exiliados y refugiados rusos, sin ciudadanía alguna, lo que, en aquel momento, obligó al Comisionado de la Sociedad de las Naciones para refugiados, el Premio Nobel Fridtjof Nansen, a crear en 1924 un pasaporte especial, llamado luego «pasaporte Nansen», reconociendo su calidad de «stateless» («sin ciudadanía»).
       

Los gobiernos post-comunistas, surgidos luego del colapso y disolución del estado comunista, han perdido irremediablemente la oportunidad de subsanar dicha injusticia y flagrante violación del derecho y de los derechos humanos, mediante actos jurídicos adecuados de rehabilitación, ya que, hace diez años, aún vivían algunas de las víctimas de dicho despojo. Hoy, ya no vive prácticamente ninguno de ellos, quedando, en consecuencia, sólo una posibilidad: su rehabilitación póstuma y la restitución de los derechos a sus descendientes.

Mientras tanto, rige el artículo 6, punto 3 de la Constitución de la Federación de Rusia, estableciendo que sus ciudadanos no pueden ser privados de la ciudadanía. Además, el artículo 15, punto 4 de dicha Constitución, indica que las normas de los pactos internacionales prevalecen sobre las normas legales internas. La Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos indica en su artículo 15 que nadie puede ser privado de su ciudadanía.
    

Es imposible enumerar, aunque sea parcialmente, en un artículo breve, a los más destacados miembros de la Gran Diáspora Rusa, dispersos por todo el mundo, pero principalmente por Europa y América, que, con su martirio, han dado testimonio de la gran cultura rusa, contribuyendo de tal manera a la cultura universal. (Martirio en griego significa «dar testimonio»). Como mero ejemplo, pueden ser mencionados:
        Filósofos: Nicolay Berdiaiev, Serguey Bulgakov, Simón Frank, Iván Ilyio, Nicolay Losskiy, Fiodor Stepúo, Vasiliy Zeñkovskiy, Boris Vischeslavzev, Vladimir Weidle, etc.
        Escritores: Mark Aldanov, Ivan Bunin (Premio Nobel de literatura 1933), Alexandr Kuprin, Dimitriy Merezhkovskiy (autor de biografías de Leonardo da Vinci y Dante Alighieri), Vladimir Nabokov, Henry Troyat, Vladimir Volkov, Zinaida Gippius, etc.
        El sociólogo Pitirim Sorokin («padre de la sociología norteamericana»);
        El historiador M. Rostovzev (cuya obra «Roma» fue editada en Buenos Aires en 1968 por EUDE-BA);
        La decodificadora de los jeroglíficos mayas Tatiana Proskoriakov, etc.
        Compositores: Igor Stravinsky, S. Prokofiev, A. Glasunov, Serguey Rajmaninov
        Cantantes: Fiodor Shaliapin y Nicolay Gueda.
        Coréografos: J. Balanchine, Serguey Diaguilev, Coronel de Basil, Kshesinskaya, Sergey Lifar, Nijinsky, Ana Pavlova.
        Científicos: Premios Nobel Ilia Prigozhin y V. Leontiev,
        El astrónomo N. Stoyko,
        El padre de la aerodioámica R. Riabushinskiy, 
        El inventor del helicóptero y avio-constructor Igor Sikorsky,
        El inventor de la televisión V. Zvorykin,
        El inventor de la nafta de alto octanaje V. Ipatiev, etc.
        Artistas y directores de cine: Jack Taty (Tatischev), Roger Vadim, Marina Vlady (Poliakov), Odille Versois (Poliakov), Sasha Distel, etc.  
       

Según algunos autores, la cantidad total de exiliados rusos en los años veinte del siglo pasado se acercaba a tres millones de personas, que componían la gran diáspora rusa. A su vez, de estos tres millones de exiliados rusos, un millón puede ser considerado como formado por activos «emigrantes políticos», en sentido estricto, y el resto, simplemente, por refugiados políticos.
        A su vez, toda esta emigración también era llamada de «rusos blancos», o sea «rusos libres» (en la historia de Rusia el término blanco tenía este sentido). Todos ellos, junto con los, aproximadamente, siete millones de rusos que vivían en los territorios limítrofes, formaban parte de la megapólis rusa en el exterior, denominada en ruso «Zarubezhnaya Rus» (Rusia fuera de sus fronteras), la que, de tal manera, rondaba entonces la cifra de diez millones de personas.
       

Al principio, la mayoría de los exiliados se estableció en el Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos (Yugoslavia), en Bulgaria, en Checoslovaquia, en Alemania y en Francia. En los años 1922 – 1923 la cantidad de exiliados rusos en Alemania había llegado a 600.000 personas, de ellas sólo en Berlín 360.000. Según estadísticas alemanas, en estos años en Alemania, la cantidad de libros editados en ruso excedía la de libros editados en alemán. Pero más tarde, el número de rusos en Alemania disminuyó fuertemente y aumentó en Francia.
       

Merece una acotación aparte la presencia de rusos blancos en el Paraguay. A principios de los años treinta del siglo pasado, varios centenares de militares exiliados rusos llegaron al Paraguay , y colaboraron con el Ejército Paraguayo durante la guerra con Bolivia. Algunos alcanzaron puestos importantes y les fueron reconocidos grados militares. Uno de ellos fue el general ruso y paraguayo Iván Belaiev, quien también fuera electo cacique por una comunidad indígena.

Los exiliados rusos blancos en la Argentina

        La presencia de los exiliados rusos en la Argentina merece un estudio especial. Mientras tanto, puede efectuarse un esbozo, citando algunos nombres a mero título de ejemplo no excluyente. Según un estudio del arzobispo Juan, metropolitano de San Petersburgo, publicado en Rusia en el año 1993, de los tres millones de exiliados rusos en todo el mundo, cerca de 3.000 llegaron en los años veinte a América del Sur. Es difícil precisar, cuántos de ellos arribaron a la Argentina, pero deben haber sido cerca de dos mil. El diario «El ruso en la Argentina», que se editaba en ruso en Buenos Aires, principalmente para estos «rusos blancos», entre los años 1931 y 1942, llegó a tener un tiraje de 4.000 ejemplares.
        De las principales huellas que dejó detrás de él esta primera ola de exiliados rusos en la Argentina, pueden destacarse:
        1. De los cinco «pioneros de la Antártica», que formaron parte de la primera expedición argentina al continente blanco en 1924, uno era ruso blanco: Vladimiro Dobrovolskiy.
        2. Entre los principales botánicos fundadores de los parques nacionales de la zona de Bariloche, figuraban algunos rusos, como, por ejemplo, el ingeniero forestal Demetrio Agapitovich Gavrilenko, fallecido a los 91 años en 1985.
        3. El gran ballet argentino del Teatro Colón, tiene sus raíces en el ballet clásico ruso, venido desde Francia a la Argentina a fines de los años veinte.  Desde entonces,  la   escenografía y el ballet del Teatro Colón siguieron hasta el día de hoy acrecentando dicha gran tradición. Pueden mencionarse los nombres de Benois, Elena Smirnova, Yura Dimitrievich, Roberto Dimitrievich, Tamara Grigorieva, Jorge Tomin, Wasil Tupin, Andreev, etc.
        4. Varios científicos destacados: El biólogo marino Stepan Dimitrievich Boltovskiy, investigador de primera clase del Conicet y autor de 160 trabajos científicos, el geólogo Piatnizkiy, el especialista en diques Alejandro Danilevskiy, la bióloga Anastasia Ivanovna Rakitskaia.
        5. El ingeniero teniente general del Ejército Imperial Ruso, Alexey von Schwartz, autoridad mundial en fortificaciones, era docente en el Colegio Militar.
       

Después de la Segunda Guerra Mundial, empezó el segundo gran éxodo, esta vez hacia los países de América, apoyado por la Organización de las Naciones Unidas para refugiados (UNRRA). El primer país que recibió un contingente de rusos blancos fue la Argentina.

Congreso Argentino


        El General Perón autorizó por Decreto el ingreso de 10.000 rusos blancos, sin discriminar profesión, edad ni sexo. Sin embargo,  posiblemente dicho cupo no fue completado totalmente. Este contingente, la segunda ola de exiliados rusos, llegó a la Argentina entre los años 1948 y 1951. La mayoría vivía antes de la Segunda Guerra Mundial en Yugoslavia, pero había también grupos de  otros países europeos, e, inclusive, de la URSS. (Un porcentaje considerable de los prisioneros de guerra soviéticos en Alemania, que lograron sobrevivir a su terrible cautiverio, se negó a ser repatriado y se incorporó a la emigración blanca). En su mayor parte eran familias enteras, pero había también muchas personas mayores solas.
       

La Catedral de la Resurrección

La mayoría de los adultos tenía estudios terciarios, entre ellos muchos ingenieros, así como varios profesores universitarios. Casi todos hablaban varios idiomas. Con el grupo vinieron un arzobispo y más de una decena de sacerdotes. Muy pronto se alquilaron espacios y se construyeron iglesias, para poder organizar una vida religiosa regular, como provincia eclesiástica de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Extranjero, entonces con sede central en Nueva York, constituida y registrada localmente como «Iglesia Ortodoxa Rusa en la Argentina». En la ciudad de Buenos Aires, en los años cincuenta, fue construida la catedral, sede del obispado, en la calle Núñez 3541.

Se construyeron también templos rusos ortodoxos en las localidades de Ituzaingó, Villa Ballester, Temperley, Quilmes, Ing. Maschwitz, La Bolsa (Córdoba) y San Carlos de Bariloche (Río Negro).
       

En este contingente había un grupo considerable (quizás varios centenares) de ex militares rusos. En total, en Argentina vivieron y fallecieron por lo menos ocho generales rusos, varias decenas de coroneles, diez pajes imperiales y más de cuarenta Caballeros de la Orden Militar de San Jorge, máxima condecoración militar, hoy nuevamente reintegrada en Rusia. Además, se formaron un círculo naval, con una veintena de oficiales de la Flota de Guerra Imperial de Rusia, y la Asociación de ex Cadetes Militares de Rusia.

        Al principio, todos ellos aceptaron cualquier trabajo, inclusive como peones en obras de construcción. Pero, con el tiempo, muchos se fueron ubicando en tareas más acordes con sus conocimientos y aptitudes. Es imposible enumerar aunque sea someramente todos los aportes de este grupo humano a la Argentina. Pero, se puede afirmar que no hubo sector alguno de importancia dentro de la vida del País, donde no hubiera participado. Nombraremos algunos casos a título de ejemplo.
         Hubo ingenieros rusos en la construcción del Aeropuerto de Ezeiza (ing. Vladimiro Knirsza) e ingenieros forestales en la forestación de sus alrededores (ing. Jorge Gerzog), ingenieros en lugares importantes de las obras públicas de la Fundación Eva Maria Duarte de Perón (ing. Bogdanovich), en Vialidad Nacional (ing. Rakitin), en la construcción de silos portuarios (ing. Alejandro Barbitzkiy), ing. C. Koldomasov (cálculos de cemento armado para la construcción de la nueva sede de la Biblioteca Nacional), O. A. Mikhno, experto en cohetería. 

LA COLECTIVIDAD RUSA

                En los años cincuenta, se editaban en Buenos Aires cinco semanarios en idioma ruso, existían varios grupos teatrales, dos grandes coros mixtos. Fueron creadas varias escuelas sabatinas, de las cuales todavía existen dos, la Diocesana (en la parroquia de San Sergio, en Villa Ballester) y la de los Boy Scouts Rusos Blancos, en Olivos.
Fueron formadas varias organizaciones deportivas y juveniles. La Organización de Boy Scouts Rusos Blancos, en su propio edificio de tres pisos, en la calle Buenos Aires 2655, Olivos, mantuvo desde los años cincuenta, una escuela rusa sabatina primaria y secundaria.
        La Asociación de Cadetes Militares Rusos fue fundada en 1949, En el año 1995 esta Asociación inauguró la «Sala de Cadetes», en el edificio de la escuela Diocesana, en la calle San Vladimir 2045, Villa Ballester, donde existe un pequeño museo militar ruso y una exposición de grandes álbumes, con fotografías únicas, sobre la Rusia Imperial y sus fuerzas armadas.

La colectividad rusa en la Argentina, al  igual que en otros países, tuvo en su seno  muchos intelectuales y escritores, que editaron sus libros en idioma ruso en su nueva Patria.
        Existieron cinco o seis editoriales de libros en idioma ruso. En total, durante los años 1950 – 2000 se editaron en la Argentina libros en ruso de más de 30 autores. Algunos de ellos fueron reeditados en Rusia después de la caída del comunismo. (A mero título de ejemplo, a continuación se citan los nombres de algunos de los autores rusos editados en la Argentina: I. Andruskiewitsch, B. Bashilov, P. Bogdanovich, O. Bajova, M. Boykov, N. Fevr, Y. Gerzog, V. Krimov, E. Messner, Y. Pskovitianin, B. Razgonov, N. Sajnovskiy, S. Spakovskiy, I. Solonevich, prof. M. Zyzukin, etc.  
       

Esta colectividad rusa en la Argentina se redujo considerablemente con el tiempo, debido a la edad y al celibato de muchos de sus primeros miembros. Pero, aun reducida, sigue presente en el País. Actualmente, está compuesta únicamente por los miembros de la segunda, tercera y cuarta generación, o sea hijos, nietos y bisnietos de exiliados rusos. Todos ellos forman parte de la Argentina de hoy. Algunos se han destacado notablemente en varios campos de la cultura.

Este  informe  fue  realizado  principalmente  en  base  a  la  conferencia  de  Igor  Andruskiewitsch  
«El  testimonio  cultural  de  la  diáspora  rusa»,  pronunciada  en  la  Biblioteca  Nacional  de  la  
República  Argentina  el  día  27  de  septiembre  de  2002,  en  la  apertura  de  la  «Exposición  de  libros  
de  la  emigración  rusa»,  organizada  por  la  Embajada  de  Rusia  en  Buenos  Aires.)  
 

Santa Sofia. Perspectivas ecuménicas.
Publicación independiente de pensamiento macrohistórico y geopolìtico.
Editor: Igor Andruskiewitsch

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